MEA CULPA

Por Hiram Chávez / 23 / 08 / 2016

Mea culpa, locución latina que se traduce literalmente como «por mi culpa» y usada generalmente como «mi culpa» o «mi propia culpa». Su uso se ha hecho común entre diversas personalidades que intentan redimir la imagen de la institución que representan o de ellos mismos, en un intento de reconocer los errores cometidos.
Lamentablemente, el Mea culpa se ha vuelto en realidad una herramienta política, mediante la cual se pretende que la opinión pública olvide los lamentables actos de algunas organizaciones o personas, en un intento desesperado, por recuperar la credibilidad de la sociedad o feligresía como es el caso que nos ocupa.
Y es que la Iglesia católica, se ha distinguido lejos que por su doctrina, por los actos de inmoralidad, depravación y corrupción; nos remontamos desde los tiempos de la Santa Inquisición, fue ella misma la que encabezó la matanza de todo aquel que no profesaba la religión católica. El Mtro. Francisco Martín Moreno, en su artículo titulado: La Herencia Maldita publicado el día 14 de julio del 2016, en el periódico El País, menciona:
El clero católico impidió la alfabetización de las mujeres y con ello deterioró la evolución social, cultural y económica de las naciones
La Santa Inquisición apuntalada arteramente por Isabel la Católica causó un daño devastador no sólo en España, víctima entre otras razones, de graves atrasos generacionales, sino que devastó al Nuevo Mundo cuando se le hundió arteramente un clavo ardiendo en el cogote y se ejecutaron salvajes mutilaciones intelectuales que han impedido o detenido la evolución intelectual, social y económica de aquellos países en que se nos sometió brutalmente a la conquista espiritual española, lo más cercano a una cruel castración mental muy difícil de superar.
Más adelante nos encontramos con el Holocausto, donde la jerarquía católica forjó alianzas con el máximo dirigente del ejército Nazi, Adolfo Hitler, una alianza vitaminada de intolerancia, desprecio, odio, coraje, discriminación radiante, homicidio, etcétera.
Con la bendición del papa Pío XII, la Alemania nazi y la jerarquía católica firmaron su primer tratado: Exterminar a como diera lugar al judaísmo universal, fue una simbiosis tan letal, que en los mismos campos de concentración en Auschwitz hasta el día de hoy, en las paredes de las cámaras de gas, yacen los rasguños de judíos que agonizando buscaban una salida. Esta es la Iglesia católica, su verdadero rostro, sin embargo el día 12 de marzo del 2000 aparece el Mea culpa, En un acto de reconciliación, el papa Juan Pablo II lamentó frente a miles de fieles los pecados de los hijos de la Iglesia: persecuciones a judíos, violencia contra miembros de otras creencias, Inquisición y discriminación. La Iglesia y la culpa del pasado: recordar para reconciliar se titula la declaración, en cuya elaboración participó también Joseph Ratzinger, que en ese entonces todavía era cardenal alemán, y que sucedió a Juan Pablo II con el nombre de Benedicto XVI.
Es aquí, donde retomo lo dicho al principio de mi columna, Lamentablemente, el Mea culpa se ha vuelto en realidad una herramienta política, el Mea culpa era entonces el ojo del huracán que aparentaba el fin del desastre, pero lo que venía después de eso, traería un sabor amargo a la humanidad, pues una inquisición moderna había dado inicio, miles de niños fueron, son y seguirán siendo abusados sexualmente por sacerdotes, y a la vez, los violadores seguirán siendo protegidos por los Papas en turno.
Llegó el caso Marcial Maciel; al respeto Rodrigo Vera, en un reportaje especial en la revista Proceso el día 3 de noviembre del 2012, menciona:
El sacerdote Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, gastaba mucho dinero para comprar favores de los altos jerarcas del Vaticano, incluido el Papa Juan Pablo II, así como para impedir que los tribunales eclesiásticos lo juzgaran por sus abusos sexuales cometidos contra menores de edad.
En 1995, por ejemplo, Maciel le entregó un millón de dólares a Juan Pablo II, quien además llegaba a oficiar misas privadas –en su capilla del Palacio Apostólico– para los acaudalados amigos de Maciel que solían recompensar al pontífice con donativos de hasta 50 mil dólares en efectivo.
Al ver el enorme poder que tenía Maciel durante el pontificado de Wojtyla, el actual Papa Benedicto XVI, entonces encargado de la Congregación para la Doctrina de la Fe, decía que no era prudente investigarlo por sus actos de pederastia, que para entonces ya eran conocidos en todo el mundo.
Sin nos acercamos más a nuestros días, el Mea culpa vuelve a sonar en los oídos de los fieles católicos, ahora en palabras del Arzobispo Primado de México Norberto Rivera Carrera, pues al llegar a sus 20 años de estar al frente de la Arquidiócesis primada de México, se disculpó con los que ha ofendido o decepcionado.
Una disculpa viniendo de un hijo de la Iglesia católica, de un líder religioso que por andar de entrometido en cuestiones políticas descuida su rebaño es de temer y dudar, sin embargo sería oportuno cuestionar al Arzobispo, si es sincero su arrepentimiento ¿Por qué sigue protegiendo a los sacerdotes pederastas, tales como a su hijo amado Nicolás Aguilar que violó a más de 90 menores de edad, entre otros?
De la misma manera el Papa actual Francisco en su visita a nuestro país, en el estado de Chiapas, ofreció una disculpa a los indígenas que han sido víctimas de la intolerancia y discriminación. Nuevamente el Mea culpa, ese que va acompañado del toque católico, ese que tiene el sabor a burla y engaño, ese que lleva por apellido la hipocresía, el Mea culpa que carece de verdadero arrepentimiento.
Ahora le tocó al Estado de Puebla, donde fueron masacradas y asesinadas 11 personas en la comunidad El Mirador, municipio de Coxcatlán, a dos horas de la ciudad de Tehuacán, en la Sierra Negra de este estado. Las víctimas fueron 5 mujeres adultas, 2 hombres y 2 niños, en tanto que otras dos menores de edad y un niño más, fueron llevados a un hospital de Tehuacán. Información publicada en varios medios de comunicación nacional, señalan que esta masacre fue producto y provocada por un conflicto religioso, ya que se menciona que cuatro encapuchados entraron a la casa de los miembros de una misma familia para arrancarles la vida por profesar la religión evangélica, mientras la familia rival es católica.
Por último, no podía faltar el Mea culpa del hijo pródigo de la iglesia católica, el Ejecutivo, siguiendo los mismos pasos de sus madre iglesia, ofrece muy arrepentido sus disculpas por los fraudes cometidos; sin embargo inmediatamente después del Mea culpa, inicia la persecución contra la periodista culpable de descubrir la corrupción que rodea al Presidente. Pero no lo podemos culpar completamente, es su naturaleza, lo lleva en la sangre, es su herencia. A eso le llamo yo un Mea culpa al estilo de la vieja escuela

@ChavezHiram
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